domingo, enero 13, 2008

La Plaza (dos)


¿Porqué en las plazas nos da por sociabilizar?, entendiendo por esto último a todo tipo de conducta dirigida con cierto propósito de acercarse a un otro que se encuentra en la misma plaza. ¿Será por los árboles, el pasto, lo verde, la tierra, el llano, los insectos, esa especie de micro ambiente que a veces es homologable a un oasis en pleno desierto?, o quizás, por un gen mnémico, la mezcla de estos elementos nos recuerda a la selva cuando estábamos rodeados por nosotros mismos, con más pelos que ideas, y con la sensación de que si nos alejamos de los demás pudiera ser peligroso. ¿Podemos recordar las cosas con este tipo de seudo-voluntad genética?, no creo, pero no es vano el ejercicio de preguntarlo.

Aunque no siempre nos da por sociabilizar, y sólo sentarnos en cualquier parte, solos o acompañados, a pensar o conversar, a mirar el pasto crecer, las hormigas caminar, el cielo ocurrir, la noche caer, las estrellas hablar, los perros postearse, los niños jugar, las minas admirar, el mundo sentir, tus hijos crecer -o, una de las cosas más hermosas- ver pasar, sentir transformar las nubes, movimiento similar con el que se modifica tu persona con el paso del tiempo y el viento. El punto es que, sea uno o lo otro que nos ocurra siempre nos va a pasar algo estando en la plaza.

A veces me pasa que no siento estar en un lugar desconocido, como si todas las plazas me fueran de algún modo conocidas aunque nunca haya estado en tal o cual, obviando el hecho de que todas sean, si no iguales, muy parecidas.

sábado, diciembre 15, 2007

La nueva vida (1)


Estaba en una de esas casas extrañas. De esas que podría haber sido tu casa en cualquier momento de tu vida, sólo que naciste en otra parte. Con una de esas personas que, si fuiste hijo único podrías acercarte a la sensación instantánea de saber que, quien está ahí contigo es tu hermana perdida.
Ahí estaba, cuando de pronto me doy cuenta de que era feliz; porque todas las personas que ya no te acompañan, que se diluyen en el paralelismo lógico de haber nacido en otra parte, ya no duelen tanto, porque has acalarado la verdad que te liberó de la se creía era la vida verdadera, y porque esta hermana siempre estuvo ahí, en esta vida y en la otra, para escuchar y hacerte saber que todo lo que viviste y todo lo que dijiste en delirios, fue real y no un sueño.
Fuí feliz, por que la vida sonríe cuando estas en el infierno, o no?
Y bueno, como en toda historia en dónde alguien necesariamente muere (sea la némesis, el héroe, o a lo menos un negro) mi hermana se va, se va de ésa obligación de encontrarnos en ese lugar común, de esos lugares a los que en tu vida nunca hubieras ido, sino por cierta obligación, azar o fortuna. 
Pero bueno, Shinichiro Watanabe me enseñó que las cosas tienen que acabar alguna vez - en su mundo, a los 26 episodios-, asi que esto tiene que acabar y estas palabras también.

viernes, noviembre 16, 2007

Séquito

(Cementerio del monasterio en la nieve, Friedrich C.D, 1819)

Mientras caminaba junto a mi séquito fúnebre en fila tras el atúd que llevaba mi cuerpo, pensé en quién sería el que me fuera a echar la tierra encima como si me hiciera la cama. Y recordando, pensé en que bien podría ser mi madre; recordé de cuando me tapaba al dormir. O en quién vendría a buscar este pedazo de ave que viene pensando weas.
Recuerdo que antes de morir miraba hacial cielo. Era perfecto. No recuerdo que escuchara algo, pero la vista era increible. Recordé también porqué me hice cagar fumando tantos cigarros.

Sin embargo, cuando te des cuenta de que el séquito siga caminando pero tu no, y los silencios empiecen a devorarse las cosas, prende el último cigarro, y cuando sientas que una voz llama tu nombre y suavemente toque tu espalda para que le des la mano, te advierto, sólo son dos posibles entidades; uno: El, el otro: Él.
No trates de escoger, es inútil, no sabrás a quien le diste la mano. En cambio, deja que el peso de tus manos te las bote al suelo. Y cuando se acerquen a tu cara, expúlsales el humo de ese cigarro cargado con la mierda de la vida adosadas con nicotina en tus putrefactos pulmones, para que se imaginen lo que siente ser sus marionetas.

martes, julio 17, 2007

P

(La Noche, Néstor de la Torre, 1917)
Esta noche está llena. incluso de cosas  que no están. pero la desesperación, la angustia, el deseo, la incertidumbre; todas particularidades femeninas del discurso hacen, provocan, inspiran a dedicar palabras, todas ambiguas e infantiles, al sufrir y a la culpa y al egoísmo...
de amor no se muere,
con culpa me río,
ah, dolor, vivo.
Me sobran mentiras. lleno de decepciones. pero sé que esto terminará.
mientras la soledad del paraíso tienta mi infierno. descendiendo la escalera y pretendo tocar fondo. fondo que nunca quise tocar, que nunca quise darle mi piel. que nunca quise y que ahora adoro...

martes, junio 26, 2007

Hace

Hay tanta neblina allá afuera que apenas uno se encuentra.
Hay tanta noche allá afuera que resultaría muy fácil perderse.
Hay tantas razones allá afuera que es mejor quedarse adentro.
Hace tanto frío allá afuera.

jueves, mayo 10, 2007

Al otro día...

La prosa camina pasos como uno a veces. Sale a caminar, por algún lugar desconocido; sentirse  como un extraño al que nada le ocurre fuera de lo que se relata, y mentir sobre ello.
O por otro familiar; de esos que se caminan solos. 

miércoles, noviembre 29, 2006

La Plaza (parte uno)


En una plaza no hay nada narrativo, creo que por eso escribo.


Deambula una paloma sin ser consciente de que en la misma plaza hay otra haciendo lo mismo; que no es consciente de que en la misma plaza hay otra haciendo lo mismo; que no es consciente de que en la misma plaza hay otra haciendo lo mismo...

En el centro de la plaza hay un busto que otorga el nombre a la plaza. Esta tiene el tamaño de casi una cuadra, con límtes de calles muy transitadas. Tiene un teléfono público y dos quioscos, uno a cada lado. Los árboles, 36 en total, nacen en jardineras de cemento, 1/5 de ellos nacen de tierra artficial. El pasto parece cualquier cosa menos pasto; unas un dormirtorio canino y de otras bestias (escolares, ebrios, etc); otras, escondites de narcóticos.
Transita mucha gente en la plaza, pero no se nota porque hay una entrada del metro.

Hay dos café´s y un pequeño restorant chino en los que nunca he visto entrar a nadie, o los veo ya sirviendose algo o ya pagando como si fueran extras de una película.
En las bancas, o lo que sirva para sentarse, hay personas de todo tipo, mas personas en fin; por ejemplo no falta la pareja que si no está pelando es porque recién llegaron; también está la señora que anda comprando con su o sus hijos pequeños y que mientras descansa deja jugar a su hijo a dar vueltas, muy parecido a las palomas; hay también un quinteto de niñas escolares entorno a ellas mismas y a un par de cigarros, comprados en el quisco de la misma plaza; y claro está el hombre que riega, el que limpia, y el que ensucia, y aquellos que juegan dama.
Y por supuesto está el tipo de poca apariencia y que da la impresión de que viviera en la plaza.

Arriba está el cielo con el sol en alguna parte, en medio el viento típico de la plaza, para mí siempre un placer. Por debajo el tránsito del metro y la emergencia de los hombres topo.

Pareciera que todo estuviese en moviento, pero luego de estar un rato inmóvil te das cuenta que lo único constantemente estático es la plaza (bueno además del busto), que permite el movimiento que vemos; la idea, que detiene la percepción y entiende, de la plaza que ahora me rodea y que se hace sentir en todos los demás que está aquí.

Pasa un ciego y un sordo, un heladero y personas de traje, un rufián y un villano, el galán y la dama y la puta, un estudiante, un niño, uno que bosteza y otro que escribe; y pareciera que todos disfrutaran de su plaza, esta plaza.