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viernes, diciembre 19, 2014
miércoles, octubre 08, 2014
De la serie: Agua y Piedra
"No tienen, no, narices
los hijos caídos de Eva...
¡Ay, para el olor feliz del agua,
el recio olor de una piedra"
El canto de Quoodle, G.K. Chesterton.
Agua. Espejo transparente de piel invisible, ágil y sin memoria. Camina, corre, cae y se precipita con el rostro de las cosas sin su cuerpo, libre de voluntad, de coyuntura, de tendones. Música de coro espectral.
Piedra. Elemento base de construcción y sustento de nación básico. Criatura lenta. Dados que celebran el juego del creador. Esculturas de tiempo. Testimonio de mapas, memoria de lugar, almohadas de la historia.
Piedra y agua se encuentran en la alquimia de su erosión que viene a alterar el paisaje. Paisaje que es fondo y lienzo donde nuestra vida ocurre; donde emerge, brota, aparece, se plasma y se diluye, en trémulas resonancias reminiscentes al olvido.
"Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde"
miércoles, junio 18, 2014
La Casona
Camino por la ciudad, en extraña sensación de desasosiego. Extraña porque no la reconozco mía; algo que se me impone, como si actuara sobre mí, aunque no pueda reconocer lo de mí mientras camino con desasosiego. Cabizbajo. Profundamente melancólico, como pez muerto que danzara por aguas de otras vidas, de otros peces. Entre personas, por calles de cemento gris medio pálido, uniforme. La ciudad fluye a mí alrededor con adolescentes por doquier. Generaciones enteras sin padres vueltos a la calle. Desperdigados vástagos unidos por azar o fortuna. El resto de personas que follejan el fondo transitan fugadas de cualquier diferenciación, manchas acuareladas en movimiento de pieles y ropa.
Y camino. Circulo. Trato de perderme pero no puedo, no sé por qué. así que miro mis pasos. abajo. El mundo, con sus adolescentes y fantasmas es indiferente. Para cuando me doy cuenta, ya entré en una casona del centro. Colonial, con grandes patios interiores; salas con techos abiertos, parras por todas partes; un hermoso juego de luces y sombras por dentro de la casona. El uso de la casona está a medio camino entre restorán de comida típica y un museo vivo.
Entro por una puerta que siempre está abierta, por un pasillo oscuro de adobe, de frío exquisito, hacia la nave principal de la casa. Allí hay una señora que me saluda cordialmente, demasiado familiarmente, entro para pasearme por los pasillos de la casona; aquí es donde quería perderme, entre la parra, los pasillos largos, las salas amplias, la gente que almuerza... "mire esta foto", me dice la señora de la entrada, "este es mi padre, como le dije antes, aquí está cuando empezó a arreglar la casa". ¿Estuve antes aquí?, ¿hace cuánto tiempo?, ¿por qué me muestra sus fotos? tengo la vaga sensación de recuerdos inevocables. Como si estuviera apunto de ocurrir algo que sin pasarme es ya mi pasado. Tomo la foto y miro el rostro de un señor de bigote corto, peinado al limón, sonriente, a la entrada de esta casa antes que fuera casona. La ligereza de ropa y del ánimo en su prisa casual me da la sensación de un día domingo. ¿Quien sacó la foto?, pregunto. “No estoy segura, porque nosotros nunca hemos tenido cámaras. Mi papa guardó estas fotos, parecían importantes para él... (sigue hablando)” sí, claro, le respondo, mientras miro alrededor la maravilla de la casa, infinitamente grande en un espacio limitado sólo por la razón. se abre una mesa larga y comienzan a llegar los hermanos de la señora. "Este es el joven que hará las fotos", les dice a sus hermanos, quienes me saludan en orden, y que voy reconociendo por las fotos que vi siendo ellos unos niños, y que aún ahora se les podía distinguir por los rasgos únicos que resitiron el tiempo. Me saludan cordialmente. Por un momento soy consciente de la historia de la casa, escucho como se ha construido; el agua de la sequia, el barro mezclándose, el adobe, las tablas y sus clavos, la poda de las parras, los niños corriendo por los pasillos, escondiéndose en clóset y baúles, los ladrillos, los terremotos y las camas de colchón de pluma. Las mañanas de té y cedrón con pan amasado caliente y mantequilla. Las tardes largas, sentado afuera en alguna piedra esperando cualquier cosa. Las noches colmadas de estrellas. Y los hijos que crecen, que se despiden, que se van y que vuelven. La casa que se construye como un sueño, con el sueño del padre que hoy miro dormido. Y ahora recuerdo, ya estuve en esta casa. son todas las casas en las que he estado. Es mi memoria de ellas. Es el campo arquetípico de mis casas del campo. Columnas blancas y muros rojos. Vigas al aire de techos altos. El suelo traqueteante de piedras.
Camino por dentro, veo grandes comedores y comensales sentados por todas partes. Un restorán inmenso, en un jardín infinito. Algunos comen en grupo, otros beben café mientras leen el diario, otros discuten sobre las apuestas de la carrera del día. Veo personas de diferentes épocas conviviendo juntos. Se pasan servilletas, condimentos. Quienes atienden andan con pantalones y suspensores de cuero tomados con botones sobre camisas de lino. Campesinos. Parientes de parientes. Se pasean por el laberinto de mesas. Me siento a observar...
Al rato un joven me trae una bebida "cortesía de la casa", me dice y se va.
lunes, abril 07, 2014
Del adolecer
luchas del yo. Enjámbricas posibilidades, perpetuas bifurcaciones continuas . Aspectos de sí mismo en pugna por alguna consolidación; cualquiera que sea, todas, ninguna. Figuras, ecos, de un quién sin función.
martes, marzo 11, 2014
Sturm und Drang
"Cubre tu cielo, Zeus,
con un velo de nubes,
y juega, tal muchacho
que descabeza cardos,
con encinas y montañas;
pero mi tierra
deja en paz
y mi cabaña,
que tú no has hecho,
y mi hogar,
por cuyo fuego
me envidias."
"Prometeo". J.W. von Goethe
domingo, noviembre 03, 2013
domingo, octubre 21, 2012
viernes, septiembre 21, 2012
miércoles, agosto 15, 2012
domingo, abril 11, 2010
La Tuerca (Director´s Cut)
Pueden ustedes llamarme Ishmael. Aunque ese no es mi verdadero nombre. Don Demi me llama así, supongo que de cariño. Vivo en la calle Las estrellas #1711 desde que aprendí a andar en bicicleta. Con mis padres y mi hermana más chica que va al colegio. Dicen que tengo algo así como una enfermedad, un retraso, algo que no me hace saber muchas cosas….
Una vez soñé con un alfiler… todo era blanco… de pronto, su punta se percata de mi, se da vuelta a mirarme, su cabeza crece hasta cubrir todo el tiempo, no puedo aguantar eso y despierto. Supongo que mi cerebro se golpeó cuando iba de camino a mi cabeza. También me dicen que lo que me falta en cerebro lo tengo de corazón, y bueno… no sé porqué dirán eso. Dicen que soy especial, pero yo no encuentro nada de especial en mi vida. Mi cuerpo hace cosas que yo no controlo, es mi mente la que habla con él, me escucha: ¿cierto Ismael?..., pero no dice mucho. Don Demi dice que mi oído es el especial, que puedo escuchar cosas que no todos pueden. Don Demi es bacán, lo conozco desde que era chico, y desde toda mi vida él ha tenido el mismo trabajo, es librero. Tiene una librería en la calle San Diego, y desde hace como 4 años él es también mi jefe. Es el mejor trabajo que he tenido.
Su nombre de verdad es Dimitrie Bratianu. Para la mayoría de la gente es Don Demetrio, pero para los amigos es Demi, yo soy su amigo. Nació en Chile pero sus papás no. Cuando habla tiene una voz ronca y áspera. Fuma arto, tiene un gran bigote y le falta una mano. Habla dos idiomas, uno que no entiendo pero que cuando lo habla su voz cambia; es como si su sombra creciera, es profunda y mágica. Cuando insulta lo hace con este idioma extraño; de sonido aglutinante, como el del viento atravesando a los árboles, las vocales, algunas veces, se oscurecen oscuras y se demoran, como raíces de las plantas en la tierra, y otras veces, son claras y apuradas, como el viento inflando las nubes. Sólo sus amigos saben cuando insulta.
Todos los años para el día de su cumpleaños hace lo mismo. Se sienta en su sillón de cuero, en el que nadie puede sentarse, prende un cigarro, saca un pesado, grande y viejo libro de cuentos que esconde una botella de Licor verde con el dibujo de un hada; brinda por Dimitrie Bratianu, bebe un vaso y lee un cuento del gran libro. Yo lo he escuchado 3 veces: “Hump!", dijo la primera vez Don Demi mirándome con ojos negros, "siempre la primera vez se parte desde el principio”. Cerró el libro de cuentos, y me citó de memoria y con los ojos cerrados algo llamado Sermón Funerario. Cerré también los míos y escuché cómo mi cuerpo se convertía en una piedra que caía sin fin por un poso. Don Demi caía conmigo. La segunda vez, fue el primer cuento del libro, "Su majestad Miau". Escuché, mientras Don Demi se atusaba su gran bigote, el sonido de un arpa y me quedé dormido. Soñé: con un lobo que tenía miedo, y con un oso cobarde, con el rabo de un conejo; Don Demi era un zorro y yo no podía correr. Finalmente el sonido de una bofetada me despertó. La tercera vez, fue "La pequeña vejiga"; allí, la boca de Don Demi, tenía un sonido gigantesco, de ella salía fuego, casas, cerdos dispersos; temí escuchar el sonido de la palabra de lo todo. Menos mal que terminó antes que el final.
Yo no sé leer muy bien, no me gusta leer, me mareo porque las palabras se me dan vueltas. Don Demi me lee, en realidad lee para él yo escucho, siempre escucho.
Antes yo vivía en un cité, en la casa D, pero no podía salir a la calle. Mi mamá decía que me podía perder sin darme cuenta, como Alicia dice Don Demi: “Pero si no se hubiera perdido" dijo "su historia no le hubiera importado a nadie”. Un día, en el patio del cité, me quedé escuchando una gotera rota del cielo que venía cayendo por la canaleta de la casa J, a un cordel de ropa, a la muralla, a la puerta y a la letra B de Don Demi, dorada. Recuerdo que el sonido que hacía al caer y tocar el cemento de la entrada de la casa era como cuando un plato se cae y se rompe, pero aquí yo no tenía la culpa y podía escucharlo por todo el tiempo que quisiera, sin que nadie me retara; mi hermana no cree que los platos puedan romperse solos. La puerta se abrió, y fue la primera vez que vi a Don Demi. Me dijo: “¡Hazte a un lado chiquillo de mierda, y límpiate esa baba!”. Yo apunté con mi dedo al cielo. Él miro hacia arriba y la gota le cayó justo en la frente con un sonido interrumpido. Volvió a mirarme, me secó la baba y se fue sin decir nada. Le pregunté a mi papá si Don Demi era especial. Me dijo que sí. Pero con el tiempo me di cuenta de que no era como yo, él era triste y no le importaban mucho si el mundo se acababa, a mi sí.
Después de un tiempo nos cambiamos de casa, mi abuela murió y nos regaló su casa en Las estrellas donde aprendí a andar en bicicleta. Me gustan las estrellas fugaces y el campo. Una noche, estaba haciendo pichí en el campo, y miraba el cielo. Pasó una estrella fugaz que me iluminó como un rayo. Era súper grande, y fue la única estrella a la que le he escuchado un sonido. Todavía suena en mi cabeza; es como un chillido, como el que hace el sol cuando se oculta o al que hace la rata pequeña que vive debajo de mi cama. Supongo que esos son los gritos que hace una estrella cuando se cae del cielo.
Yo pienso, que en este mundo, todo lo que un hombre tiene es su trabajo. Al menos, es todo lo que yo tengo además de escuchar. Mi papá dice que escuchar no pone pan en la mesa, pero que escuchar es lo primero que un buen trabajador necesita saber. Escuchar a su jefe y hacer exactamente lo que el jefe pide. No importa el trabajo que sea, uno siempre necesita saber escuchar. He tenido varios trabajos y he escuchado a varios jefes, pero ninguno habla como Don Demi.
Todo empezó cuando cumplí 18 años, cuando me cantaban feliz cumpleaños para que las velas no se apagaran. Mi papá me sirvió una copa de un licor divertido que sonaba como cuando el mar se retira de la orilla. Me dijo: “Hijo mío, hoy te conviertes en todo un hombre, y como tal es tiempo de que busques un empleo”. Pero papá, yo no sé hacer nada. “No te preocupes hijo que yo te voy a enseñar todo lo que tienes que saber para tener un trabajo y ser un buen trabajador”. Esa noche escuché que mi mamá retaba a mi papá: “¡Pero cómo se te ocurre que va a trabajar?!" le dijo, "¡¿y si le pasa algo?!, ¡¿si tiene un accidente?!, ¿si lo maltratan o le hacen daño?... además, ¿en qué va a trabajar, dónde lo van aceptar?”. Supongo que no se puede ser especial y trabajar al mismo tiempo.
Mi papá ha trabajado toda su vida. Empezó trabajando en una tornería, fue minero, obrero, carpintero, albañil, zapatero y garzón. Ha sido subordinado y jefe, como dice Don Demi. Hoy es jefe de otras personas que hacen lo mismo que él, la diferencia está según dice: “En que yo hago menos pero gano más, porque ya he hecho mucho durante mucho tiempo, ya era tiempo de que este pequeño engranaje fuera una tuerca más grande en este gran reloj”.
Un día, mientras andaba en bicicleta, me caí porque el verde cambió muy rápido al rojo. Llamé a mi papá pero él estaba trabajando. Escuché golpes de fierro con fierro que venían del centro de la ciudad, y desde lejos vi que construían ciudad en un edificio. Pensé en mi papá, que seguramente estaba ahí trabajando agrandando a la fábrica de Santiago. Ahora, cada vez que camino por el centro de la fábrica, creo escuchar a mi papá trabajar; no puedo verlo, pero lo siento por debajo del suelo y en todos lados, lo escucho cuando la gente se mueve, también lo escucho cuando yo trabajo.
Lo primero que me enseñó fue que la plata se guarda y se junta para tener más. Un día salimos a caminar con mi papá y llegué a encontrarme $300 en monedas; la del hombre paloma, el perfil café semi cuadrado y de las por la razón o la fuerza tirados en la calle. Mi papá me dijo: “Hijo, uno nunca sabe lo que puede encontrar más adelante en el camino, pero por mientras uno siempre puede ahorrar para esperar algo mejor”. Supongo, que a veces, poquito es arto. Después, en la casa, sacó todo lo que teníamos en el frío y me dijo: “Mira, los verdes con los verdes, la comida con la comida, lo duro con lo duro, lo helado con lo helado y los huevos aparte, para cada uno una bolsa, ah! sí, toma, para que te limpies la baba”. Luego casi sin darme cuenta tenía mi primer uniforme. Usaba un gorro, me paraba detrás de la señora Marta que me pasaba las bolsas, repetía lo que me dijo mi papá, y me daban pocas monedas que juntaba con artas otras, de $10, $50 y $100 y cuando no me daban monedas me decían gracias. Al terminar el día, cuanto conté la plata dije: “Ismael hoy lograste no ser especial pero aún no te alcanza para ser una tuerca”. Así se repitieron muchos días sin ser ni especial ni tuerca, y fui juntando artas pocas monedas en un tarro Nido. Lo que más me gusta del tarro es la tapa que, cuando se cae al suelo, el sonido acuático que hace me da cosquillas.
Todos lo días me despertaba y desayunaba igual que mi papá. Mi mamá hacía sonar sus labios en mi cara y ponía mi colación en una lonchera. Acompañaba a mi papá al paradero; yo camino hasta la esquina, doy la vuelta y llego al supermercado. Saludo a Antonio, Felipe, Javiera, José, Carla, Patricio, Cristian, Andrés, Lucía, María, que hacen lo mismo que yo con las bolsas, y a Ishmael le digo: “Hola Ismael”. Y todos hacemos el mismo sonido; desordenado y plástico, rutinario y predecible. No como el sonido que hacen los tubos de aire que se llevan las cartas de las cajeras: sincronizados, limpios, caso imperceptibles; como felices. Quise seguirles el ritmo, pero era imposible, creo que mis manos eran muy gordas y pesadas, porque no cabían por el tubo y el aire no era capaz de levantarlas. Cuando llené mi tarro Nido con monedas me sorprendió descubrir que todas las cosas llenas suenan igual sin importar que haya dentro.
Algo tuvieron que haber dicho los tubos a mi jefe que le hicieron enojar conmigo, porque me dijo que ya no podía seguir trabajando ahí. Mi papá dijo que no importaba, que la experiencia era lo importante. Nunca más volví a hablarle a los tubos.
Esa noche tuve un sueño, en que el reloj de mi pieza sonaba al revés. Lo abrí, y en vez de tuercas tenía monedas.
Al otro día mi mamá me dijo: “Hijo, voy a enseñarte lo que mejor sé hacer; cantar y limpiar”. Echó artos líquidos de varios colores al suelo y se puso a cantar: “La la laaa, la lá”. Con un trapero los esparció por toda la casa para mostrarme lo que no hay que hacer. Me dijo: “Bueno, todos sabemos para qué sirve una escoba y una pala, pero cada líquido suena distinto en cada tipo de suelo; los que caen lento y pesado son para suelos que te dejan la mano fría y roja, suenan como un resbalín plástico; los que caen rápido y chapoteados son para los suelos que también dejan la mano fría pero sin color, suenan como resbalín metálico; y las que también caen lento y pesado pero que son amarillas son para suelos amarillos que suenan como la canción del mago donde bailan esas personas al son de una canción”. Don Demi dice que en realidad son los zapatos de Dorothy los que hacen cantar al suelo. Mis zapatos no cantan ni bailan ni caminan rápido, ¡menos mal!, o no podría saber cuando el suelo está bien limpio. Luego, mi mamá me dijo que hiciera sonar la enceradora hasta que me pidan hacer otra cosa: “Es que una, a menos que esté muy muy cansada, nunca termina de hacer bien su trabajo”.
Un día, limpiaba junto a ella en casa y al otro día limpiaba solo en otra parte. Tuve mi segundo uniforme; una jardinera azul, una polera roja, un gorro negro y una chapita que dice Ismael. Limpié muchos pisos que sonaron como la canción del mago y alegré a muchos niños que vieron convertido el suelo en resbalín. Junté muchas monedas y papeles que guardé en otro tarro hasta que sonara igual al primero. Pero yo aún no sonaba como mi papá. Le pregunté porqué y me dijo: “Hijo, para que suenes como una tuerca, la gran fábrica debe darte un contrato que te permitirá trabajar y sonar como la tuerca que quieres ser”.
Limpié muchos suelos. Y mi principal instrumento fue la escoba y la pala. Ya no tenía que caminar en las mañanas con mi papá; me llevaban y traían en auto de mi casa a la fábrica. Así, de pronto, trabajaba en pleno centro de la fábrica, allí donde todas las personas andan enojadas y cansadas porque sus zapatos caminan más rápido. Tenía un tarro con ruedas 10 veces más grande que mi tarro Nido, el que debía llenar con lo que cupiera en mi pala y que pudiera recoger mi escoba, el sonido era hermoso: “Rumm shit shhit, rrumm shit shit, rrrrumm!, shhiiit shhiiit. Levanto la pala… prrraamm! al tarro”. Cuando me canso; cierro la tapa, la escoba descansa en el suelo y yo me limpio la baba. Miro hacia atrás y veo que todas las personas ya no caminan ni tan enojadas ni tan rápido, es como si al respirar lo ecos de mi canción les provocaran ganas de cantar y bailar. Pero supongo que sus zapatos no estaba hechos para bailar.
Un día, escuché cantar al tío Raúl. Es una tuerca antigua que vive siempre en el mismo lugar; en una calle que se parece mucho a la grieta de piedra que está en mi patio, por donde corren las hormigas que se meten en mi casa, con la diferencia que a las hormigas no puedo escucharles sus pasos. El tío Raúl, cambia papeles grandes por chicos. Cuando grita, las personas se acercan a él y se intercambian papeles. Grita: “¡La Seguuuuund eoa!”, su canción azul y profunda retumba por toda la bóveda de la grieta de cemento como cuando el mar se mete por entre las rocas. Al preguntarle porqué gritaba me dijo que era tan sólo para llegar lo más lejos posible. Le dije que yo podía ayudarlo: “Limpiaré el suelo para que su canción pueda resbalarse mucho más lejos”. Rumm shit shhit, rrumm shit shit, rrrrumm!, shhiiit shhiiit. Levanto la pala… prrraamm! al tarro. Sin descansar. Llegué muy lejos por la grieta, y ya no alcanzaba a escuchar al tío Raúl. Pero escuché otra cosa, a la tía Inés. Ella vive al otro lado de la grieta y es la esposa del tío Raúl. Cambia pan por papeles y grita: “¡Pan amasssaaduoooó!”. Cuando le pregunté por su canción me dijo lo mismo que el tío Raúl. Le pregunté si echaba de menos al tío Raúl, me dijo que sí. ¿Y porqué no lo va a ver?. “Ay mijito, es que no tengo suficientes papeles todavía”. “No se preocupe tía, yo voy a limpiar el suelo para que su canción pueda resbalarse hasta la del tío Raúl”. Rumm shit shhit, rrumm shit shit, rrrrumm!, shhiiit shhiiit. Levanto la pala… prrraamm! al tarro. Cuando llegué al medio del camino, descansé; me sequé la baba y escuché:
Cuando las dos canciones chocaron hicieron el mismo sonido que hace mi mamá, mi papá o mi hermana cuando me abrazan. Ese día los tíos cambiaron casi todos los papeles grandes y casi todos los panes que tenían por los papeles pequeños y se volvieron a encontrar justo donde yo estaba descansando. Me dieron las gracias junto con varios de sus papeles pequeños. El tío Raúl me dijo: “Mijito, si no fuera por ti no hubiéramos podido juntarnos; mira, estos son billetes y valen mucho más que las monedas, úsalos bien”. La tía Inés me envolvió el último pan que le quedaba con el último papel grande que le quedaba al tío Raúl: “Mira, apuesto que haces sonreír a alguien con este regalo”. Y se fueron bailando y cantando hasta desaparecer entre las personas que caminan rápido. Me dije: “Ismael, hoy fuiste el engranaje que unió a dos tuercas”.
Cuando llegué a mi casa todo pasó muy rápido. Mi hermana me dijo que tendríamos un hermano. Mi papá me dijo que ahora deberíamos conseguir mejores trabajos; él una tuerca más grande y yo una con contrato. Y luego todos se reían; no sé si de la historia que les conté sobre los tíos del centro, o del pan envuelto que me saqué debajo del brazo. Don Demi también se rió cuando supo: “Ay, Ishmael", me dijo "una cosa son los dichos y otra el sonido de la ironía”.
Supongo que la tía Inés tenía razón.
Esa noche, escuché que mi hermana les decía a mis papás que me enseñaría las ecuaciones… Y tuve un sueño; en que el reloj de mi pieza no sonaba. Lo abrí, y en vez de tuercas tenía agua y burbujas, y que las burbujas al reventar sonaban tic tac, tic tac, tic tac…
Al otro día, mi hermana, mientras se miraba en el espejo me dijo: “Hermanito, las ecuaciones se tratan de igualdades. Por ejemplo, si yo te pido que vayas a entregar estos papeles a alguna parte, tu los llevas y los traes de vuelta con el sello impreso, y para mí tendrá el mismo valor aunque se vean distintos. Entonces lo que tienes que hacer es escuchar muy bien qué es lo que quieren que lleves y qué es lo que quieren de vuelta. ¿Entiendes baboso?”. La voz de mi hermana suena igual acá afuera que dentro del espejo, la mía no. “Sí, entiendo”. Es extraño pensar que todo lo que uno hace en su casa puede servir para aprender un trabajo.
Mi papá me dijo que para trabajar como una tuerca con contrato debía vestirme como una: “Debes usar el uniforme que toda tuerca luce; un traje y zapatos”. Tenía miedo de que al momento de ponerme los zapatos salieran disparados en cualquier dirección. Pero por suerte me llevaron tranquila y directamente a la central de la fábrica. Ahí, un tío calvo miró unos papeles y me dijo: “Bueno, bienvenido hijo, aquí está tu contrato, puedes empezar de inmediato”. Lo había logrado. Me convertí en una tuerca tal como mi papá. Ahora a trabajar. Lo que tenía que hacer era llevar unos papeles atravesando varias grietas de cemento para que una máquina las timbrara y luego traerlas de vuelta. La máquina que conocí, hacía el sonido más sublime y hermoso que jamás había escuchado. Era una máquina que ponía el sello Tum!, de la fábrica a los papeles Tum!, que todas las tuercas usan Tum!, y que entregan cada vez que cambiaban algo por monedas o billetes Tum!. Mi trabajo consistía, en llevar un alto de papeles hasta uno de los engranajes principales de la fábrica llamado sistema de impuestos internos, hacer una cola y entregar mis pequeños papales Tum!, los timbran; Tum! uno, Tum! dos, Tum! los que fueran. Después corría de vuelta a devolverlos. Podía quedarme horas escuchando a la máquina hacer su trabajo; infatigable, rítmico, perfecto. No había papel demasiado grueso ni demasiado delgado donde no pudiera dejar su marca. El anciano que la manejaba no se veía tan anciano como la máquina, me preguntó: “¿Va a marcar sus boletas?”. No sé qué quiso decir, pero le entregué mis pequeños papeles para que la máquina los timbrara Tum!, y pudiera llevarlos de vuelta a la fábrica.
Un día, mientras estaba hipnotizado escuchando a la máquina, volví a ver a Don Demi, staba sentado cerca de donde yo estaba y también traía varios papeles para timbrar. Me habló, no sé que dijo, el sonido de la máquina me tenía atrapado, todo el resto era silencio. Su sonido era el mismo que sólo los trenes hacen cuando llegan a la hora. Le dije: “Don Demi, ¿escucha ese sonido?, es el sonido del contrato, la firma que autoriza a toda tuerca a hacer su trabajo. Yo soy una tuerca y quiero ser reconocido como tal”. Don Demi me gritó algo que no escuché. Me acerqué lentamente a la máquina. Tum! mi mano…
Esa noche, tuve un sueño. Estaba acostado en una cama que no era la mía, con un cuerpo que no podía mover, y una mente con la que no podía hablar. Don Demi estaba a mi lado, y leía un cuento sobre un niño que luchaba contra un pirata y de cómo el pirata le temía a un cocodrilo por haberse comido su mano. “¿Yo soy el pirata?” le pregunté. “No mi querido Ishmael" respondió "tu eres el niño, pero quisiste convertirte en pirata y el reloj de la fábrica te comió la mano”.
Cuando desperté, mis papás y mi hermana dormían conmigo. Mi papá me dijo que no podía volver a trabajar, que había perdido una parte importante de mi engranaje. Lloré. Mi mamá me dijo que no me preocupara, y mi hermana me dijo que ya todo se arreglaría. Escuché unos golpes en la puerta, era Don Demi, dijo: “Que tal mi querido Ishmael, ¿sabes?, yo estoy muy viejo y me falta una mano que me ayude en la librería, por casualidad, ¿conoces a alguien que pudiera...”, “¡Yo Don Demi!, yo tengo una mano” le dije emocionado. Mis papás ya estaban enterado de todo, me dijeron que mientras dormía, Don Demi venía a verme todos los días y que les había hablado de sus intenciones de trabajar conmigo. Supongo que a veces los sueños pueden arreglan algunas cosas.
En la librería, mi trabajo consiste en limpiar y sacudir todos los libros. Le expliqué a Don Demi cómo las cosas suenan mejor cuando están limpias y ordenadas, pero a los libros no logro sacarles ningún sonido. Don Demi dice que es por la ballena. Según él, en mi cabeza vive una ballena blanca gigante; que nada, respira, crece y se esconde en el mar de mi mente, así como mi sueño con el alfiler. Yo lucho contra ella, pero no para matarla, porque la he escuchado gritar y sé que sólo tiene hambre. Pero a un monstruo no se le alimenta con dulces. Primero se le adormece con canciones. Y Don Demi sí que sabe hacer cantar a los libros. “Yo tengo el alimento para tu ballena y la canción para amansarla mi querido Ishmael”. Así que gran parte del día escucho las canciones que Don Demi le saca a los libros que yo ordeno. Don Demi es mi mejor amigo después de Ismael. Ahora tengo el mejor trabajo que podría desear, y ya no me preocupa convertirme en una tuerca ni en sonar como una.
“¡Hey! Ismael, límpiate la baba”.
Cuando llegué a mi casa todo pasó muy rápido. Mi hermana me dijo que tendríamos un hermano. Mi papá me dijo que ahora deberíamos conseguir mejores trabajos; él una tuerca más grande y yo una con contrato. Y luego todos se reían; no sé si de la historia que les conté sobre los tíos del centro, o del pan envuelto que me saqué debajo del brazo. Don Demi también se rió cuando supo: “Ay, Ishmael", me dijo "una cosa son los dichos y otra el sonido de la ironía”.
Supongo que la tía Inés tenía razón.
Esa noche, escuché que mi hermana les decía a mis papás que me enseñaría las ecuaciones… Y tuve un sueño; en que el reloj de mi pieza no sonaba. Lo abrí, y en vez de tuercas tenía agua y burbujas, y que las burbujas al reventar sonaban tic tac, tic tac, tic tac…
Al otro día, mi hermana, mientras se miraba en el espejo me dijo: “Hermanito, las ecuaciones se tratan de igualdades. Por ejemplo, si yo te pido que vayas a entregar estos papeles a alguna parte, tu los llevas y los traes de vuelta con el sello impreso, y para mí tendrá el mismo valor aunque se vean distintos. Entonces lo que tienes que hacer es escuchar muy bien qué es lo que quieren que lleves y qué es lo que quieren de vuelta. ¿Entiendes baboso?”. La voz de mi hermana suena igual acá afuera que dentro del espejo, la mía no. “Sí, entiendo”. Es extraño pensar que todo lo que uno hace en su casa puede servir para aprender un trabajo.
Mi papá me dijo que para trabajar como una tuerca con contrato debía vestirme como una: “Debes usar el uniforme que toda tuerca luce; un traje y zapatos”. Tenía miedo de que al momento de ponerme los zapatos salieran disparados en cualquier dirección. Pero por suerte me llevaron tranquila y directamente a la central de la fábrica. Ahí, un tío calvo miró unos papeles y me dijo: “Bueno, bienvenido hijo, aquí está tu contrato, puedes empezar de inmediato”. Lo había logrado. Me convertí en una tuerca tal como mi papá. Ahora a trabajar. Lo que tenía que hacer era llevar unos papeles atravesando varias grietas de cemento para que una máquina las timbrara y luego traerlas de vuelta. La máquina que conocí, hacía el sonido más sublime y hermoso que jamás había escuchado. Era una máquina que ponía el sello Tum!, de la fábrica a los papeles Tum!, que todas las tuercas usan Tum!, y que entregan cada vez que cambiaban algo por monedas o billetes Tum!. Mi trabajo consistía, en llevar un alto de papeles hasta uno de los engranajes principales de la fábrica llamado sistema de impuestos internos, hacer una cola y entregar mis pequeños papales Tum!, los timbran; Tum! uno, Tum! dos, Tum! los que fueran. Después corría de vuelta a devolverlos. Podía quedarme horas escuchando a la máquina hacer su trabajo; infatigable, rítmico, perfecto. No había papel demasiado grueso ni demasiado delgado donde no pudiera dejar su marca. El anciano que la manejaba no se veía tan anciano como la máquina, me preguntó: “¿Va a marcar sus boletas?”. No sé qué quiso decir, pero le entregué mis pequeños papeles para que la máquina los timbrara Tum!, y pudiera llevarlos de vuelta a la fábrica.
Un día, mientras estaba hipnotizado escuchando a la máquina, volví a ver a Don Demi, staba sentado cerca de donde yo estaba y también traía varios papeles para timbrar. Me habló, no sé que dijo, el sonido de la máquina me tenía atrapado, todo el resto era silencio. Su sonido era el mismo que sólo los trenes hacen cuando llegan a la hora. Le dije: “Don Demi, ¿escucha ese sonido?, es el sonido del contrato, la firma que autoriza a toda tuerca a hacer su trabajo. Yo soy una tuerca y quiero ser reconocido como tal”. Don Demi me gritó algo que no escuché. Me acerqué lentamente a la máquina. Tum! mi mano…
Esa noche, tuve un sueño. Estaba acostado en una cama que no era la mía, con un cuerpo que no podía mover, y una mente con la que no podía hablar. Don Demi estaba a mi lado, y leía un cuento sobre un niño que luchaba contra un pirata y de cómo el pirata le temía a un cocodrilo por haberse comido su mano. “¿Yo soy el pirata?” le pregunté. “No mi querido Ishmael" respondió "tu eres el niño, pero quisiste convertirte en pirata y el reloj de la fábrica te comió la mano”.
Cuando desperté, mis papás y mi hermana dormían conmigo. Mi papá me dijo que no podía volver a trabajar, que había perdido una parte importante de mi engranaje. Lloré. Mi mamá me dijo que no me preocupara, y mi hermana me dijo que ya todo se arreglaría. Escuché unos golpes en la puerta, era Don Demi, dijo: “Que tal mi querido Ishmael, ¿sabes?, yo estoy muy viejo y me falta una mano que me ayude en la librería, por casualidad, ¿conoces a alguien que pudiera...”, “¡Yo Don Demi!, yo tengo una mano” le dije emocionado. Mis papás ya estaban enterado de todo, me dijeron que mientras dormía, Don Demi venía a verme todos los días y que les había hablado de sus intenciones de trabajar conmigo. Supongo que a veces los sueños pueden arreglan algunas cosas.
En la librería, mi trabajo consiste en limpiar y sacudir todos los libros. Le expliqué a Don Demi cómo las cosas suenan mejor cuando están limpias y ordenadas, pero a los libros no logro sacarles ningún sonido. Don Demi dice que es por la ballena. Según él, en mi cabeza vive una ballena blanca gigante; que nada, respira, crece y se esconde en el mar de mi mente, así como mi sueño con el alfiler. Yo lucho contra ella, pero no para matarla, porque la he escuchado gritar y sé que sólo tiene hambre. Pero a un monstruo no se le alimenta con dulces. Primero se le adormece con canciones. Y Don Demi sí que sabe hacer cantar a los libros. “Yo tengo el alimento para tu ballena y la canción para amansarla mi querido Ishmael”. Así que gran parte del día escucho las canciones que Don Demi le saca a los libros que yo ordeno. Don Demi es mi mejor amigo después de Ismael. Ahora tengo el mejor trabajo que podría desear, y ya no me preocupa convertirme en una tuerca ni en sonar como una.
“¡Hey! Ismael, límpiate la baba”.
domingo, septiembre 13, 2009
En Secreto

De: "Caballos Desbocados"
Yukio Mushima.
-¿Quisiera su Señoría subir a la montaña?- le preguntó. Naturalmente, los visitantes ordinarios no tienen autorización para llegar más allá de cierto límite. Más allá del este, el paso sólo se les permite a los devotos de nuestro santuario que han mostrado especial constancia y fidelidad por muchos años. Pentrar más allá del límite es, ciertamente, una solemne experiencia. Los caballeros que han llegado a rezar en la cumbre han manisfestado haber sentido la prescencia terrible del misterio.
A Honda sólo le interesaban los misterios que podían manifestarse a la clara luz del día: si algún misterio era capaz de imponerse a través de la luz, gustosamente lo declararía como tal. Los fenómenos milagrosos, los que no muestran vinculos con la realidad, apenas suelen contener una existencia sombría y dudosa. En cambio el misterio que es capaz de seguir siéndolo bajo el implacable brillar del sol será siempre un misterio digno de ocupar un sitio entre los conceptos claramente conocidos. Honda se sentía dispuesto a darle un lugar en su mundo.

La atmósfera que allí reinaba era tan tranquila, que hizo pensar a Honda que el violento dios reverenciado había ido ganando serenidad con el paso del tiempo.
Tras haber escalado un corto tramo, Honda pudo ver la zona prohibida. Dentro de esta zona, los árboles, los helechos, la espesura de los bambúes y también el sol que por todas partes estaba presente parecían, por lo menos para Honda, crear un clima de pureza y solemnidad. El fresco color de la tierra se extendía entre las raíces de los cedros. A cierta altura, su guía le mostró un hoyo, diciéndole que por allí un oso había estado escarbando. Honda pensó enseguida en los cuentos que oyera de pequeño, en los cuales se decía que el oso puede asumir muchas a variadas apariencias.

Desde allí, el sendero llevaba en línea recta a la cumbre. Aquel tramo era sin duda, el más duro de la escalada. En ciertas zonas la senda estaba borrada y los dos hombres debían asisrse a las salientes de la roca o asegurar los pies en las raíces de los grandes árboles para cruzar parajes en que la roca presentaba obstáculos que era presciso franquear. Honda estaba ya empapado de sudor y jadeaba. Era aquella larga mortificación la que deparaba la fuerza, suponía Honda, preparando al hombre para el misterio al que se aproximaba. Tal era, realmente, una ley divina.

La roca se había fundido con la roca para formar aquella masa que ahora aparecía quebrada y aplastada. Debajo, más roca se extendía en una amplia y plana superficie en declive. Más que una tranquila sede de los dioses, la escena daba la impresión de ser el resultado de una batalla o de algo increiblemente terrible. Aunque, por cierto, todo lugar visitado por los dioses posiblemente sufra una transformación de ese género.

De pronto, Honda recordó otros tiempos. Tal vez aquel terreno y aquella altura fueran causa del recuerdo. Rememoró su escalada por las montañas que estaban detrás de Chung-Nan Villa, en Kamakura, cierto día de verano, diecinueve años atrás. Habían llegado a una altura desde la cual se podía divisar a distancia el gran Buda de Kamakura a través de los árboles. Kiyoaki y él habían intercambiado divertidas miradas a costa de los dos príncipes siameses, quienes se había rrodillado reverentemente en cuanto alcanzaron a ver al Buda. Honda nunca había sentido desde entonces inclinación por burlarse de semejante actitud.
En los intervalos que dejaban dos rachas de brisa, el silencio se enseñoreaba del lugar. El oído de Honda captó el zumbido de un tábano industrioso.

-¿Quisiera Su Señoría aprovechar la oportunidad para practicar la purificación por las aguas?-dijo el guía.
- No estaría bien que me bañase ¿verdad?
- Al contrario, señor. Cuando el agua de la cascada golpea a un hombre, aclara su cabeza. Eso es, precisamente, lo que transforma la prueba en una experiencia religiosa. No debe usted preocuparse.
Honda advirtió que habían allí dos o tres túnicas kendo que colgaban de unos clavos. Había sido precedidos por otras personas.
- Han de ser lo estudiantes que asistieron a los enfrentamientos esta mañana, señor. Tendrán que hacer las ofrendas de las lilas y se les ha ordenado venir aquí para purificase.
Honda se quitó la ropa, quedando en calzoncillos. Así ataviado se encaminó a la puerta que daba a la casacada. A un costado del lugar en que el agua caía podía verse una gruta, donde se encontraba un pequeño altar dedicado al fornido Dios del Fuego. Los helechos, las florecillas salvajes y los sakaki, todos ellos salpicados por las aguas, crecían por doquier en la semipenumbra que se extendía a sus pies. La pesadumbre de aquélla visión sólo resultaba aliviada por la blanca espuma que formaban las aguas al desplomarse. El sonido del choque se esparcía en ecos roncos por los muros rocosos que rodeaban el lecho de la cascada.
Cuando uno de los muchachos vio a Honda, hizo señas a sus compañeros y todos retrocedieron, haciendo reverencias que indicaban que le dejaban el sitio. Fue entonces cuando Honda vió entre ellos al joven Iinuma.
Honda se dirigió al lugar donde caía el agua; pero ésta golpeó la parte superior de su cuerpo con tal fuerza, que tuvo que apartárse rápidamente. El joven Iinuma, riendo con alegría, llegó hasta donde él estaba y, levantando ambos brazos para mostra a Honda la manera de aminorar el choque del agua, se colocó bajo ella. Permanció así durante unos momentos, cortando con la punta de sus dedos el chorro o abriendo las manos bajo él, como si sostuviera una pesada cesta de flores. Luego se volvío a Honda y sonrió.
Honda recordó las palabra de Kiyoaki cuando agonizaba:
- Te veré de nuevo. Lo sé. Bajo la cascada.
viernes, julio 10, 2009
Dia 2
(-Qué, ¿no te quedas?
-No. Estoy cansado. Mi sistema de visión son los ojos. Uso los oídos para oír y la boca para hablar. Me parecen sistemas separados. Sin unión. Deberíamos sentirnos uno, pero me siento como varias personas.
-Hablas demasiado. Estoy harta de escucharte.
-Hablo demasiado. Los hombres solitarios siempre hablan mucho).
-No. Estoy cansado. Mi sistema de visión son los ojos. Uso los oídos para oír y la boca para hablar. Me parecen sistemas separados. Sin unión. Deberíamos sentirnos uno, pero me siento como varias personas.
-Hablas demasiado. Estoy harta de escucharte.
-Hablo demasiado. Los hombres solitarios siempre hablan mucho).
Pierrot le fou
Al otro día despierto temprano, el ansia me despertó antes.
Tuve un sueño anoche, algo sobre la criatura que aún duerme cerca de mí, algo sobre mi horror… el problema, (me he dado cuenta) es que durante mis sueños suelo mantener activas algunas de mis facultades de interpretación pero no sé cuales; es decir, sé que sueño y que muchas veces soy capaz de entender porqué estoy soñando lo que sueño, pero, una vez despierto, tanto sueño como comprensión del sueño me saben a una misma cosa Así que mi papel en el sueño no sé si proviene de mi consciencia que se rehúsa a dormir cuando sueño, o es mi propio sueño manifestándose hacia mi consciencia que duerme, sin la cual no me sería posible saber ni recordar qué sueño todas las noches. Así que, no puedo saber si el contenido es alguna clase de advertencia o es sólo una respuesta de mi consciencia alterada que se defiende de las vibraciones del lugar en el que me encuentro.
Por lo general este esquema me alivia la tensión cuando no entiendo mis sueños y me permite seguir durmiendo. Pero no esta noche, no donde me encuentro. Desperté del sueño y el ansia no me deja volver a él. Doy vueltas dentro de mi saco de dormir, escucho a la criatura roncar cen alguna parte, siento el frío de la montaña, siento que las horas pasan, avanzan y no puedo dormir; el ansia, el ansia de quien se sabe a punto de encontrar… (...) bueno supongo que en un par de horas más lo sabré.
(Por lo general este esquema me alivia la tensión y me permite volver a dormir…, por lo general este esquema me alivia la tensión y puedo volver a dormir…, por lo general este esquema me alivia la tensión y ahora a dormir!… maldición!)
Ya que me es imposible volver a dormir, supongo que lo mejor que puedo hacer es levantarme a esperar el amanecer (le debe faltar poco) y arreglar el equipo para nuestro segundo y definitivo día de expedición. Salgo de la carpa, me preparo un café. Tal y como acordamos con la criatura hace un rato, esta vez viajamos livianos, con el equipaje del perro. Todo lo que habíamos traído junto a los preparativos sólo nos atornilló más a la realidad, y lo que buscamos…, bueno simplemente no lo encontraríamos de esa forma. Así que, mientras me tomo este café, me doy cuenta de que prácticamente estoy listo. De hecho, ya lo estaba cuando el sueño me despertó. (¿Ya sabía esto? ¿o sólo ahora en retrospectiva me parece que así fue? Demonios!, ¿cómo sé cuáles son mis propios pensamientos?).
A ver, vayamos a los hechos. Porque, finalmente ¿qué es un hecho?. Quiero pensar que un hecho es todo aquello que sostiene mi subjetividad, la materia oscura que sostiene mis actos con mis recuerdos, y a pesar que toda mi vida podría estar inventándola, podría no existir propiamente si no fuera por los hechos que la justifican. Como el hecho de tener padres me impide concebir que pueda ser algo distinto e impensable además de mí mismo, o como el hecho de poseer carne y esqueleto, así como el hecho de que escribo cada palabra que leo. Pero entonces, ¿porqué sigo dudando? ¿es un hecho el existir? (lo dudo) ¿es un hecho estar aquí ahora mismo?; vayamos a los hechos, decía:
Es un hecho, el que yo y la criatura que aún duerme, nos encontremos en un cerro del Planeta Cielo donde (es un hecho), no hay nadie más. Es un hecho también que aún es de noche cuando mi reloj me indica que ya debería ser de día… De hecho, ahora mismo podría agregar detalles de hechos que van más allá de lo que escribo en este presente, porque sé qué es lo que ocurre (ocurrió y ocurrirá) sé cómo termina todo esto. Por ejemplo, sé que la Llave funcionó y que viajamos por dimensiones paralelas, sé que con la criatura tomamos caminos distintos, y sé que de algún modo la criatura está muerta. Aunque puede pensarse que ninguno de estos detalles sea un hecho como tal porque, en este otro presente (el de mi consciencia que escribe), nada de esto ha ocurrido realmente aún, sin embargo, los hechos suceden aun cuando creamos que todavía no ocurren.
“Guau!, mira la hora que es, y aún es de noche!, mmmh que onda?. Que raro es cuándo no se tiene noción del tiempo, aunque en realidad puede que el tiempo sea una suerte de burbuja de detergente que nos va rodeando… en algún momento podría estallar, pero siempre hay otra Debo despertarlo!. Wn, despierta, es de noche!”.
“¡Aah” –bosteza, está vivo. “Que wea?” -habla comprensiblemente, despertó en esta dimensión. “Qué xuxa!!?” -mientras me agarra por el cuello enfurecido como si mi explicación sobre el tiempo y la noche le hubiera de alguna forma ofendido, se levanta y me grita algo que no entiendo cuando me suelta para salir a comprobar por él mismo qué le ha ocurrido al tiempo, jaja es divertido verle enojar.
“Está vivo loko, el tiempo está vivo. Dónde estamos?, seguimos en la montaña?, en el planeta?” …mmmh ahora que lo pienso, recuerdo una vez quedamos de juntarnos en cierto lugar y la criatura no se presentó; no me creyó a pesar de haberle mandado por escrito una invitación para confirmar su visita, aunque es más probable que realmente no hubiese querido que fuera. No, sí quería que fuera; ¿puede entonces que yo hubiera sobreestimado sus ganas de ir cuando alguien lo invitara?, porque en definitiva, y aunque no fue una invitación, nos recibió, a otros y a mi, cierta otra vez, como si nos hubiera invitado aunque ninguno de nosotros se hubiese dado cuenta. Quizás él tampoco lo sabe.
“Guau!, tienes razón” –me dijo. “No tengo idea de lo que trataste de decir pero entiendo perfectamente a qué te refieres” –dijo mientras se servía una taza de café dándome la espalda y buscando un cigarro. No tengo tiempo de contarle el sueño, pero algo me dice que él tampoco quiere contarme el suyo. Algo en la manera de prender el cigarro y fumarlo y botar el humo y tomar café y volver a fumar y mirar hacia otro lado y no hablarme hasta que se le borre el sueño de la cabeza me lo dice. “Weón” –bota el humo suspirando. “No sé cómo, ni cuando, pero todo parece indicar que estamos en el mismo lugar que ayer y no en otro. Quiero decir, que la Llave funcionó; estamos en de la realidad, no en la realidad”.
“Jajajaja!” –explotamos en risas, bailes y cánticos de celebración mientras el mundo se sacude en vibraciones magnéticas que nos llegan como cosquillas a través de sentidos que asombrosamente siempre estuvieron con nosotros sin darnos cuenta, Ay! Razón, ¿qué habías hecho con nosotros?, ahora me pareces tan infantil como la palabra, tan innecesaria como la reflexión, siento un poco de lástima por mi mente tan llena de residuos y basura … ¿cómo le digo a mi cerebro que puedo caminar por sobre las palabras en vez de hablarlas Mi mente es una gigantesca bóveda tan oscura como esta noche, aunque más grande que el planeta mismo (lo sé porque si puedo ver/escuchar a la Tierra respirando es porque puedo envolverla yo también a ella)), con la capacidad física y tangible de malearla con lo que pienso. Seguimos riendo –mientras secretamente en nuestras cabezas (aún eran nuestras en aquel momento) empieza a abrirse una puerta por la que saldrá disparado hacia el espacio exterior todo nuestro ego. Y mientras reímos nuestro abrazo nos transforma en una nueva entidad individual binuclear y nos vemos como una pelota uniforme que salta y ríe. Dejamos de reír. Nos separamos un poco para mirarnos en silencio. Pensamos en el porqué a ciertos perros les gusta jugar con la pelota, perseguirla mientras rebota… Jajajajaja!!!! –volvemos a explotar.
Así es como sin maletas ni mapas emprendimos el viaje. En un principio es caótico elegir el lugar hacia dónde llevar nuestros pasos ya que la distancia como tal no existe y la elección de una dirección… bueno, simplemente es absurda. Así fue como llegamos nuevamente a la Meseta. En un momento en un lugar y dentro de ése lugar hay otro. Ya en la Meseta la extensión de cada uno de nuestros yoes se disolvió completamente con todo, lo que pillaba; el viento, las piedras, la luz y a ratos con el vacío. No es que necesariamente uno desaparezca, es como si uno se pareciera al entorno. El juego de las escondidas cobra cualitativamente un interés especial. Mientras admirábamos estupefactos la finitud del universo mirando hacia el cielo que nacía por veces, y se repetía a cada evocación, contemplábamos la infinitud de nuestra mente proyectada hacia el cosmos sin que éste nos devolviera la mirada. Da miedo, mucho miedo pesar el abismo dentro de uno. Lo bueno –pienso, mientras miro a la criatura que yace en el pasto, ambos de bruces tirados en el suelo, le digo: “Menos mal, que estamos en un campo abierto, sino sería terrible ver como colisiona nuestra proyección contra los muros de la ciudad”.
“Vámonos?” –me sugiere la criatura. “¿Te gustaría ir a otras dimensiones?”, (Qué noble es la intención de preguntar. Aún cuando la pregunta no tiene ningún valor, tiene la capacidad de fijar la atención en un minúsculo punto convirtiendo lo diluido en un pequeño núcleo gravitacional que puede orbitar hacia donde uno quiera para volverlo a diluir allí donde se imaginó. Y es que el océano es también una gota de agua).
jueves, junio 25, 2009
MJ

Amigos míos. Tranquilos, Michael había muerto ya hace mucho tiempo.
Este paso es sólo una demostración de su humanidad, asi que no se dude de su humanidad. Ahora puede decirse sobre él lo que se quiera, total está muerto. El resto es especulación.
El problema inmediato es el siguiente, ¿qué harémos cuando nos acabemos de dar cuenta que, no tenemos nuevas imágenes de él?. Michael continuará apareciendo siempre por algún medio, ¡pero sin imágenes nuevas!, pasará el tiempo y el movimiento habrá cesado por completo, una imágen hablándonos sin poder escucharnos... nah.... a veces me pregunto; cuánto tiempo estuvo Michael luchando por ser Michael, ¿quién habrá ganado?, una cosa es segura; los dos están muertos.
¿Han podido escuchar los ruidos que hace cuando canta? (la letra de los temas, simplemente déjenla que se pierda, la voz de Michael es imposible ponerla en palabras) es una wea increible. La forma que tenía Michael para decir o expresar su ser es tan gigantesca que da miedo. Imagino un tipo bailando encima de un ojo enorme (el de todos nosotros juntos), sin pestaña mirándolo fijo, mientras un cuerpo envejece dentro de la máscara.
Hay algunas personas que creen que las cámaras fotográficas pueden quitar el alma de una persona. Puede que una o diez o cien no hagan nada; pero ¿cuántas tendrá Michael?.
Aunque uno siempre anda buscando coincidencias triviales sobre la muerte, me gusta pensar que el hecho que sus supuestos conciertos en Londres quedaran inconclusos, se relacione con la imagen de un escenario por siempre expectante a su entrada. Un escenario ahora vacío.
Creo que gran parte de lo que es Michael (sino es que no todo) se puede observar en la canción Ben. Una cancíon (sino la única canción de él, además de Leave me alone) a la que se puede poner atención a la letra. Divide la vida de Michael, al igual que en todas las grandes obras, en tres movimientos. Pienso que a esta fea rata a quien le canta, su mascota, su primer amigo, no es sólo un animal con en el que pudiera sentirse identificado, es él mismo. Su voz, le canta a un otro, solo que allí no hay nadie. Es una dedicatoria a quien la escuche. Pero ahí no nadie más que él.
Las ratas podrían estar en cualquier parte del mundo, reproduciéndose hacia el infinito, viviendo con cada uno de nosotros y superados en número. Pero a ninguna rata le está permitido vivir demasiado cerca de los humanos... el resto, como dicen, es historia.
Ben, the two of us need look no more
We both found what we were looking for
With a friend to call my own I'll never be alone
And you, my friend, will see You've got a friend in me
Este primer acto marca el inicio de todo el viaje, Michael se entera de que ya para siempre será otro, que ha de transformarse en algo que nadie se ha atrevido, y de que acepta (embrace) su destino. Michael nunca necesitó nada, no buscó nada, no tenía ningún propósito en la vida más que ser Michael Jackson, y con eso se tenía a sí mismo, su amigo (traten de imaginarse sólo un instante como sería intentar guardarse dentro de sus delicados yoes a un Michael Jackson). Si hubiera querido hacer, buscar, o tener algo, estoy seguro de que lo hubiera conseguido. ¿Qué se acabara el hambre en África?, fácil. ¿La cura al cáncer?, no hay problema. Simplemente se dedicó a ser Michael Jackson. ¡¿Qué hacen los periodistas hablándonos sobre él?!, filósofos, biólogos, antropólogos, científicos podrían decirnos algo que no sepamos ya de él. Pienso que no necesitamos al eslabón perdido de Darwin para comprobar la teoría de la evolución, Michael es prueba de ello.
Ben, you're always running here and there
You feel you're not wanted anywhere
If you ever look behind And don't like what you find
There's one thing you should know You've got a place to go
Este es su segundo acto. Estrofa que cambia de tono, sube a uno más macabro, avanza hacia el lado oscuro de la realidad. Pienso que resume gran parte del conflicto de nuestro héroe. Un viaje marcado por los extremos, del cielo al infierno, gloria y decadencia, su malestar y su exposición pública con los niños, sus temores, sus fantasías, su excentricidad, su ego, siempre corriendo a todos lados, sin llegar nunca a ninguno. Dice además que en su viaje llegará un punto de no retorno, y que no habrá nunca más para él un lugar entre los humanos, que no se puede arrepentir de su camino, no hay marcha atrás. El mundo puede ser un lugar terrible, pero siempre puedes tener Neverland.
I used to say "I" and "me"
Now it's "us", now it's "we"
I used to say "I" and "me"
Now it's "us", now it's "we"
Bueno el coro habla por sí mismo.
Ben, most people would turn you away
I don't listen to a word they say
They don't see you as I do I wish they would try to
I'm sure they'd think again If they had a friend like Ben
(a friend) Like Ben
(like Ben) Like Ben
Ultimo acto. La estrofa vuelve al tono inicial para terminar. El desenlace de su historia inconclusa, el final es tautológico, gira en espiral hacia el fin de su mundo, el medio audiovisual. El desenlace lo conocemos todos. Hay personas que lo quieren y otros que no, que no lo aceptan. Se dice a sí mismo que no ven lo que él ve. Y que para poder entenderlo tendrían que ser como él, y eso algo imposible. No hay dos como Michael, (quizás) ni siquiera él mismo. Pero él se tiene como amigo, tuvo el valor de meterse en su yo un ego como el de Michael, se entregó a su amigo, dió la vida por convertirse, morir y prevalecer como Michael Jackson.
Este paso es sólo una demostración de su humanidad, asi que no se dude de su humanidad. Ahora puede decirse sobre él lo que se quiera, total está muerto. El resto es especulación.
El problema inmediato es el siguiente, ¿qué harémos cuando nos acabemos de dar cuenta que, no tenemos nuevas imágenes de él?. Michael continuará apareciendo siempre por algún medio, ¡pero sin imágenes nuevas!, pasará el tiempo y el movimiento habrá cesado por completo, una imágen hablándonos sin poder escucharnos... nah.... a veces me pregunto; cuánto tiempo estuvo Michael luchando por ser Michael, ¿quién habrá ganado?, una cosa es segura; los dos están muertos.
¿Han podido escuchar los ruidos que hace cuando canta? (la letra de los temas, simplemente déjenla que se pierda, la voz de Michael es imposible ponerla en palabras) es una wea increible. La forma que tenía Michael para decir o expresar su ser es tan gigantesca que da miedo. Imagino un tipo bailando encima de un ojo enorme (el de todos nosotros juntos), sin pestaña mirándolo fijo, mientras un cuerpo envejece dentro de la máscara.
Hay algunas personas que creen que las cámaras fotográficas pueden quitar el alma de una persona. Puede que una o diez o cien no hagan nada; pero ¿cuántas tendrá Michael?.
Aunque uno siempre anda buscando coincidencias triviales sobre la muerte, me gusta pensar que el hecho que sus supuestos conciertos en Londres quedaran inconclusos, se relacione con la imagen de un escenario por siempre expectante a su entrada. Un escenario ahora vacío.
Creo que gran parte de lo que es Michael (sino es que no todo) se puede observar en la canción Ben. Una cancíon (sino la única canción de él, además de Leave me alone) a la que se puede poner atención a la letra. Divide la vida de Michael, al igual que en todas las grandes obras, en tres movimientos. Pienso que a esta fea rata a quien le canta, su mascota, su primer amigo, no es sólo un animal con en el que pudiera sentirse identificado, es él mismo. Su voz, le canta a un otro, solo que allí no hay nadie. Es una dedicatoria a quien la escuche. Pero ahí no nadie más que él.
Las ratas podrían estar en cualquier parte del mundo, reproduciéndose hacia el infinito, viviendo con cada uno de nosotros y superados en número. Pero a ninguna rata le está permitido vivir demasiado cerca de los humanos... el resto, como dicen, es historia.
Ben, the two of us need look no more
We both found what we were looking for
With a friend to call my own I'll never be alone
And you, my friend, will see You've got a friend in me
Este primer acto marca el inicio de todo el viaje, Michael se entera de que ya para siempre será otro, que ha de transformarse en algo que nadie se ha atrevido, y de que acepta (embrace) su destino. Michael nunca necesitó nada, no buscó nada, no tenía ningún propósito en la vida más que ser Michael Jackson, y con eso se tenía a sí mismo, su amigo (traten de imaginarse sólo un instante como sería intentar guardarse dentro de sus delicados yoes a un Michael Jackson). Si hubiera querido hacer, buscar, o tener algo, estoy seguro de que lo hubiera conseguido. ¿Qué se acabara el hambre en África?, fácil. ¿La cura al cáncer?, no hay problema. Simplemente se dedicó a ser Michael Jackson. ¡¿Qué hacen los periodistas hablándonos sobre él?!, filósofos, biólogos, antropólogos, científicos podrían decirnos algo que no sepamos ya de él. Pienso que no necesitamos al eslabón perdido de Darwin para comprobar la teoría de la evolución, Michael es prueba de ello.
Ben, you're always running here and there
You feel you're not wanted anywhere
If you ever look behind And don't like what you find
There's one thing you should know You've got a place to go
Este es su segundo acto. Estrofa que cambia de tono, sube a uno más macabro, avanza hacia el lado oscuro de la realidad. Pienso que resume gran parte del conflicto de nuestro héroe. Un viaje marcado por los extremos, del cielo al infierno, gloria y decadencia, su malestar y su exposición pública con los niños, sus temores, sus fantasías, su excentricidad, su ego, siempre corriendo a todos lados, sin llegar nunca a ninguno. Dice además que en su viaje llegará un punto de no retorno, y que no habrá nunca más para él un lugar entre los humanos, que no se puede arrepentir de su camino, no hay marcha atrás. El mundo puede ser un lugar terrible, pero siempre puedes tener Neverland.
I used to say "I" and "me"
Now it's "us", now it's "we"
I used to say "I" and "me"
Now it's "us", now it's "we"
Bueno el coro habla por sí mismo.
Ben, most people would turn you away
I don't listen to a word they say
They don't see you as I do I wish they would try to
I'm sure they'd think again If they had a friend like Ben
(a friend) Like Ben
(like Ben) Like Ben
Ultimo acto. La estrofa vuelve al tono inicial para terminar. El desenlace de su historia inconclusa, el final es tautológico, gira en espiral hacia el fin de su mundo, el medio audiovisual. El desenlace lo conocemos todos. Hay personas que lo quieren y otros que no, que no lo aceptan. Se dice a sí mismo que no ven lo que él ve. Y que para poder entenderlo tendrían que ser como él, y eso algo imposible. No hay dos como Michael, (quizás) ni siquiera él mismo. Pero él se tiene como amigo, tuvo el valor de meterse en su yo un ego como el de Michael, se entregó a su amigo, dió la vida por convertirse, morir y prevalecer como Michael Jackson.
martes, abril 14, 2009
Sobre los sueños

Despierto de pronto en una cafetería con la traquilidad de haber pestañado. Estoy sentado y fumando un cigarro que no recuerdo haber prendido. Muevo mi lengua por dentro de mi boca y presionando el paladar con ella noto el sabor pegajoso de la nicotina, de hecho, me doy cuenta de que aún no he exalado el humo. Asi que tranquilamente fumo.
Llega alguien y me sirve una taza de chocolate caliente, no me sorprendo mucho, ya que es algo que probablemente hubira pedido. Asi que tranquilamente miro alrededor mío y todo se ve lógico, y de alguna manera a favor mío.
Estoy en una cafetería, sirviéndome un chocolate caliente, luego de haber fumado. Estoy en un lugar en que estas cosas suelen ocurrir, de hecho, hay otras personas haciendo cosas parecidas a las que hago yo, sin embargo, estoy seguro de que ninguno de ellos está tratando de comprobar la realidad de la misma manera como yo lo estoy haciendo, porque no observo a nadie que se esté despertando como yo lo estoy haciendo.
viernes, febrero 27, 2009
La Llave

(…, y en una ocasión le trasladó a una región del espacio donde no existen las formas, pero los gases incandescentes estudian los secretos de la existencia. Y un gas de violeta le dijo que esta parte del espacio estaba al exterior de lo que él llamaba infinito).
H.P Lovecraft
Hay momentos, cuando veo al cielo por la noche, en que miro hacia lo infinitivo y creo percibir los latidos de una presencia silenciosa y expectante. Quizás no sea nada más que el reflejo de nuestro inconsciente arrojado hacia el espacio que a su vez nos mira devuelta. Pero cuando te encuentras en un planeta completamente deshabitado hay sólo un inconsciente proyectándose mirándote de vuelta, no oyes las voces colectivas de toda esa tibia humanidad yendo hacia el abismo contigo. Extrañamente se siente como si pudieras nadar tranquilamente en un mar sin turbulencias; tranquilamente absorbido en tu propio Leviatán, como si pudieras simplemente dejarte flotar… éste es uno de esos momentos; y así, al dejarme llevar descubrí la puerta que da hacia mi exterior interno.
Día 1
Atónito, contemplo en mi alrededor la cima de una montaña que alguna vez, durante la transición que convirtió a este planeta en lo que es hoy, (una tierra graciosamente abandonada de gente innecesaria, poblada sólo por unos pocos afortunados), estuvo completamente sumergida en el mar. Me encuentro con la criatura llamada Marci, gran conocedor de temas oscuros, dueño de una envidiable biblioteca recopilada por años de ocio y terribles deseos por descifrar cuanto misterio se le pusiera por delante. Empresa a la cual mi espíritu también se siente terriblemente atraído, y aunque nuestros caminos se separen continuamente, parece que siempre terminan (cuando no inician) en un mismo lugar.
Rara vez ocurre un encuentro voluntario entre los habitantes del Planeta Cielo. Pero cuando esta criatura me aseguró haber encontrado ciertos portales hacia otras dimensiones ocultas en nuestra mente que eran de vital importancia conocer, no pude más que propiciar tal maravilloso encuentro. Estos portales, según me relató la criatura, habrían de estar custodiados por unos seres a los que prefiero no referirme (además no creo que pueda hacerlo con propiedad, ya que una parte de ellos es tiempo y otra muy diferente es espacio), baste con decir que eran los custodios de la llave maestra que podrían abrirnos la cabeza (en un sentido no tan figurado). Advirtióme que la llave sólo es utilizable una vez. Me habló también sobre viajes fantásticos a otras dimensiones, donde las leyes humanas ceden y caen por propio deseo para ser configuradas de manera diferente por sentidos maleables que suelen dormir en nuestra más lúcida consciencia. Mientras me contaba todo esto recordé por un instante a Crawford Tillinghast, y su fatídico destino; que excitado, pedante, y con voz aguda le espetó la historia a su amigo de lo que estaba a punto de descubrir (‘¿Qué sabemos nosotros –había dicho- del mundo y del universo que nos rodea?...’) No me fue necesario más. Partimos.
Como decía, estamos en la cima de una montaña y la noche está iluminada por la luz clara y antigua de una luna completamente llena. No hace frío, aunque presentía que la temperatura iría disminuyendo pasadas las horas. Llevamos todo lo necesario; agua, algo de comida, ropa, herramientas, mapas, libros, música y sobre todo: muchas preguntas… Hacía esta pequeña revisión de nuestras herramientas y provisiones cuando me dí cuenta de que ya habíamos llegado al lugar indicado. Un largo bosque oscuro limitaba nuestra vista, pero los árboles nos cobijarían de una posible noche fría. La criatura parecía haber estado de acuerdo con esta reflexión de tal forma que, (luego), comprendí porqué esperaba sentado en un montículo de piedras a que terminara de hacerme estas primeras reflexiones, y desde ahí empezar a hacernos las preguntas que sí importaban…
Así comenzamos a resolver el misterio. Y ahora qué (?).
¿Cómo sabríamos con total certeza de si estábamos o no en el lugar indicado?, ¿Cómo identificaríamos el portal y a sus custodios?, ¿Cómo se viaja a través de uno?, ¿Y si morimos?, ¡No!, peor aún, ¿y si sobrevivimos?! Este primer temor contribuyó a darme cuenta de mi completa falta de interés por responder a estas preguntas, y que la causa de mi inicial confusión parecía brotar del entorno; de los árboles y de las rocas; de algo que nos atraía más allá del bosque; fuera del cobijo de los árboles creíamos distinguir una planicie completamente abierta a los ojos de la luna, algo que pudiera parecerse a una meseta. No había duda. Ese era el lugar. Pero cuando fuí a comunicarle esto a la criatura que me acompañaba, (ahora), él ya estaba sentado encima de unas apachitas mirándome con expresión sarcástia como diciendo; terminaste (?)
De acuerdo a nuestro material recopilado, ésa debía ser la meseta de la Luna. Al menos yo así lo creía.
La criatura parecía no estar por completo de acuerdo conmigo, ya que si bien admitía que estábamos muy cerca del lugar, no creía que necesariamente ésa fuera la meseta que nosotros buscábamos, y que no sólo él opinaba esto sino que se sumaban a su argumento todas las descripciones de otros investigadores que creyeron encontrarla antes de igual forma, mas sólo resultó en espejismo y desilusión.
Tardaría mucho más de lo que me he propuesto, escribir la discusión completa que tuvo lugar en ése momento con la criatura llamada Marci, además, no creo que pudiera expresarla de manera íntegra aunque quisiera, ya que el tipo de discusión que tuvimos en ese lugar tan próximo a la insana meseta, rodeado de locura y de seres que, si bien no podíamos ser totalmente conscientes de su existencia nos sentíamos rodeados de, no una, sino varias presencias ululantes alrededor de nosotros; la discusión, decía, resulta completamente absurda. No es que diga que el razonamiento de la criatura me parezca absurdo, no, en absoluto. Solo que desconfiaba un poco que su argumento se basara más en palabras muertas que en la viva percepción del lugar; el instrumento que era yo, me decía que ése era el lugar por dudoso o absurdo que pudiera parecer. Él por otro lado, desconfiaba de mis percepciones, por el mismo hecho de verme alterado en un lugar tan insano, en cambio su razón, decía, no había sufrido alteración por nada ni nadie más que él mismo, así que, concluía, como no puedo contradecirme, debo estar necesariamente en lo cierto.
El problema no se resolvía si llegábamos a acuerdo sobre si era o no el lugar, el problema era que la llave era utilizable una sola vez fuera o no el lugar; y si no lo era no tendríamos otra oportunidad, pero si lo era…
Así que luego de una acalorada discusión; en que la criatura se sostenía en sus largos estudios en la materia, y yo me dejaba influenciar por mi intuición, fuimos poco a poco dándonos cuenta de que jugaban con nosotros. Nuestras propias ideas y pasiones, nuestro propio yo era quien no nos permitía pensar libremente; y es que claro, el yo le teme a la disolución.
En ése momento, hubo un silencio. Un confortable silencio. Como si la amenaza externa hubiera cedido ante nuestro firme deseo de continuar liberados de razonamiento. Entonces, la criatura extrajo de un pequeño bolso de cuero metálico (es la única forma en que puedo describirlo) que jamás le había visto, y eso que he visto gran parte de sus colecciones; “esto –me dijo-, es el infame objeto del que alguna vez te hablé, el que muchos lo creyeron perdido, la evidencia física de que todo lo que estamos a punto de hacer es real. Esta es la Llave”. Extrajo del envoltorio metálico un esfera perfectamente redonda esculpida con unos relieves visibles pero que escapaban al tacto, brillaba con una verde efervescencia que oscurecía todo a su alrededor. ¡Qué criatura más asombrosa era ésta!, no sólo te permite que le acompañes donde las verdades aguardan, también es capaz de confiarte, sin decirlo, aquellos temores que antes le impidieron llegar por sí mismo a este punto de la historia, pensé.
Ahora el problema era el siguiente. ¡¿Cómo diablos haríamos funcionar la Llave?! ¡¿Cómo demonios se supone que se activa?! La criatura no lo sabía. Dijo que como era un articulo perdido y que supuestamente no existía, seguramente las instrucciones nunca existieron tampoco, y lo más probable era que quién fuera antes el custodio de tan raro artefacto se descuidara de él al no tener la más mínima idea de cómo hacerlo funcionar, lo que pudo provocar la desaparición del artículo. Aún me duelen las costillas de tanto reírme ésa noche de lo cómico que resultaba ese momento. Y ahora que lo pienso, esa total falta de seriedad en un momento tan importante sirvió de algún modo para limar cualquier aspereza que pudiera quedarnos, tras lo cual fuimos capaces de decidir rápidamente cuales serían nuestros próximos movimientos.
Evaluamos el entorno, cotejamos nuevamente nuestros mapas, y revisamos nuestras provisiones. Todo parecía encontrarse en orden, pero no todo se sentía así. El lugar; las piedras, la montaña, la luna, el viento, el bosque, y nosotros; comenzaban a tener consistencia física en nuestros sentidos (o una forma de sentido mejor dicho), era como si nos tocaran el hombro, como si algo estuviera tratando de llamar nuestra atención, pero que desaparecía cada vez que nos volteábamos. ¿Cómo resolver un enigma que su propia respuesta es la pregunta?, es como intentar ver un rosotro por la espalda. Antes de ponernos nuevamente a discutir sobre el asunto, decidimos que lo mejor era meditarlo cada uno en soledad por un rato (unos tres cuartos de rato para ser exactos). La criatura tomó la esfera, la envolvió, y se la llevó consigo a caminar por los alrededores del campamento que habíamos levantando. Yo preferí quedarme ahí mismo donde estaba, ya que tenía la extraña sensación de que si me movía agitaría el flujo de cavilaciones que tenía en la cabeza, como en un vaso lleno de agua, y era menester mantenerlo en perfecta osmosis con el aire que me rodeaba (me pareció tan absurdo, que me pareció lo correcto).
Como dije, (creo haberlo dicho), largo rato transcurrió sin respuesta. Los ruidos y en fin, la naturaleza misma que me rodeaba, no me dejaba pensar con claridad, me desconcentraba, como si trataran que no pensara, de hipnotizarme, de cautivarme con sus colores que empezaban a trasformarse en materia, de confundirme con sombras danzantes… un momento, ¡pero si mi entorno se trasforma! –grité-. Miré hacia el cielo, hacia la Luna, y lo vi. Detrás de Luna llena, jugaban, alegremente, otras lunas iguales que aparecían y desaparecían detrás de la primera, y que cuando notaron que las miraba, se convirtieron en fuegos azules que rodearon a la pálida Luna y se estiraban hacia fuera de ella, como un corazón palpitando hacia el negro espacio, cobrando más fuerza cada vez que le sonreía; le sonreía porque fue una de las cosas más hermosas que jamás había visto.
Comprendí inmediatamente el enigma, supe porqué no entendíamos nada, y supe entonces cómo resolverlo. Grité eufórico llamando a la criatura rogando por que él también lo hubiera visto, y rogando también a que en ésa caminata él mismo no se hubiera convertido en una Mantis e intentara comerme, o se pusiera a poner huevecillos... Pero, para mi tranquilidad, la criatura venía corriendo (en su forma humana tal cual lo recordaba), alzando los brazos y con una cara rebosante de alegría. Él también había sido testigo.
La respuesta al enigma era que no había respuesta. El enigma sólo nos alejaba de la real respuesta, el miedo que sentimos antes trató de avisarnos de ello, las formas de la naturaleza también lo decían, pero nuestra comprensión del mundo es el enemigo que no permite verlo, es decir, el hecho de verlo nos hace equivocarnos. El conocimiento no nos viene envuelto en regalo para delicia nuestra. Había que despojarnos de nuestro ser, entrar en comunión con aquello que no somos y que al mismo tiempo no podemos dejar de ser; la existencia, en las cosas y en nosotros mismos, es cuestionable y debemos ponerla en duda.
Para cuando logramos aclarar lo anterior estábamos ya muy cansados para continuar y decidimos dormir; emprenderíamos un nuevo viaje al otro día. Esta vez viajaríamos liviano, nos despojaríamos de nuestros mapas, de nuestra civilización, de nuestra envoltura yoica. Iríamos con lo pequeño que somos, nada menos.
Antes de dormir, recordé a aquel investigador que, buscando la ciudad sin nombre, perdida en el terrible desierto por el que se dice que volvió el loco árabe, durmió en las afueras de la ciudad por miedo a entrar en ella de noche. Y me dormí.
Ésa noche tuve un sueño. Soñé que andaba en una montaña muy alta, cazando criaturas exóticas con mi cámara; una de la criaturas que trataba de capturar era la Luna que se me escondía, que jugaba conmigo, y no me permitía fotografiarla. Luego, atravieso largos kilómetros de tierra como si una voz fuera capaz de trasportar mi cuerpo por largas distancias. Era un grito, un gritó de horror y auxilio, aunque lo que me asustó no fue eso sino ver de quién provenían los gritos; de la criatura llamada Marci. Me gritaba que le ayudara, que un monstruo vendría por él, que él pagaría, que él moriría de forma terrible si no le ayudaba. El espanto se apoderó de mi, al ver que una persona tan elevada y racional, se me presentara reducida de ésa manera; con sus ojos abiertos de ésa forma, con ése sudor frío con el que sus manos tomaban las mías, al ver la súplica… Miré en todas direcciones pero no vi nada, ningún monstruo que viniera tras él. Cuando volví la mirada, la criatura estaba en silencio. Sus ojos volvieron en su órbita, y se le veía algo aturdido; la enajenación se había retirado. Me dijo que un monstruo, no el suyo, se había apoderado de él para horror mio.
* A Song for the Deaf, Queens of the Stone Age.
Día 1
Atónito, contemplo en mi alrededor la cima de una montaña que alguna vez, durante la transición que convirtió a este planeta en lo que es hoy, (una tierra graciosamente abandonada de gente innecesaria, poblada sólo por unos pocos afortunados), estuvo completamente sumergida en el mar. Me encuentro con la criatura llamada Marci, gran conocedor de temas oscuros, dueño de una envidiable biblioteca recopilada por años de ocio y terribles deseos por descifrar cuanto misterio se le pusiera por delante. Empresa a la cual mi espíritu también se siente terriblemente atraído, y aunque nuestros caminos se separen continuamente, parece que siempre terminan (cuando no inician) en un mismo lugar.
Rara vez ocurre un encuentro voluntario entre los habitantes del Planeta Cielo. Pero cuando esta criatura me aseguró haber encontrado ciertos portales hacia otras dimensiones ocultas en nuestra mente que eran de vital importancia conocer, no pude más que propiciar tal maravilloso encuentro. Estos portales, según me relató la criatura, habrían de estar custodiados por unos seres a los que prefiero no referirme (además no creo que pueda hacerlo con propiedad, ya que una parte de ellos es tiempo y otra muy diferente es espacio), baste con decir que eran los custodios de la llave maestra que podrían abrirnos la cabeza (en un sentido no tan figurado). Advirtióme que la llave sólo es utilizable una vez. Me habló también sobre viajes fantásticos a otras dimensiones, donde las leyes humanas ceden y caen por propio deseo para ser configuradas de manera diferente por sentidos maleables que suelen dormir en nuestra más lúcida consciencia. Mientras me contaba todo esto recordé por un instante a Crawford Tillinghast, y su fatídico destino; que excitado, pedante, y con voz aguda le espetó la historia a su amigo de lo que estaba a punto de descubrir (‘¿Qué sabemos nosotros –había dicho- del mundo y del universo que nos rodea?...’) No me fue necesario más. Partimos.
Como decía, estamos en la cima de una montaña y la noche está iluminada por la luz clara y antigua de una luna completamente llena. No hace frío, aunque presentía que la temperatura iría disminuyendo pasadas las horas. Llevamos todo lo necesario; agua, algo de comida, ropa, herramientas, mapas, libros, música y sobre todo: muchas preguntas… Hacía esta pequeña revisión de nuestras herramientas y provisiones cuando me dí cuenta de que ya habíamos llegado al lugar indicado. Un largo bosque oscuro limitaba nuestra vista, pero los árboles nos cobijarían de una posible noche fría. La criatura parecía haber estado de acuerdo con esta reflexión de tal forma que, (luego), comprendí porqué esperaba sentado en un montículo de piedras a que terminara de hacerme estas primeras reflexiones, y desde ahí empezar a hacernos las preguntas que sí importaban…
Así comenzamos a resolver el misterio. Y ahora qué (?).
¿Cómo sabríamos con total certeza de si estábamos o no en el lugar indicado?, ¿Cómo identificaríamos el portal y a sus custodios?, ¿Cómo se viaja a través de uno?, ¿Y si morimos?, ¡No!, peor aún, ¿y si sobrevivimos?! Este primer temor contribuyó a darme cuenta de mi completa falta de interés por responder a estas preguntas, y que la causa de mi inicial confusión parecía brotar del entorno; de los árboles y de las rocas; de algo que nos atraía más allá del bosque; fuera del cobijo de los árboles creíamos distinguir una planicie completamente abierta a los ojos de la luna, algo que pudiera parecerse a una meseta. No había duda. Ese era el lugar. Pero cuando fuí a comunicarle esto a la criatura que me acompañaba, (ahora), él ya estaba sentado encima de unas apachitas mirándome con expresión sarcástia como diciendo; terminaste (?)
De acuerdo a nuestro material recopilado, ésa debía ser la meseta de la Luna. Al menos yo así lo creía.
La criatura parecía no estar por completo de acuerdo conmigo, ya que si bien admitía que estábamos muy cerca del lugar, no creía que necesariamente ésa fuera la meseta que nosotros buscábamos, y que no sólo él opinaba esto sino que se sumaban a su argumento todas las descripciones de otros investigadores que creyeron encontrarla antes de igual forma, mas sólo resultó en espejismo y desilusión.
Tardaría mucho más de lo que me he propuesto, escribir la discusión completa que tuvo lugar en ése momento con la criatura llamada Marci, además, no creo que pudiera expresarla de manera íntegra aunque quisiera, ya que el tipo de discusión que tuvimos en ese lugar tan próximo a la insana meseta, rodeado de locura y de seres que, si bien no podíamos ser totalmente conscientes de su existencia nos sentíamos rodeados de, no una, sino varias presencias ululantes alrededor de nosotros; la discusión, decía, resulta completamente absurda. No es que diga que el razonamiento de la criatura me parezca absurdo, no, en absoluto. Solo que desconfiaba un poco que su argumento se basara más en palabras muertas que en la viva percepción del lugar; el instrumento que era yo, me decía que ése era el lugar por dudoso o absurdo que pudiera parecer. Él por otro lado, desconfiaba de mis percepciones, por el mismo hecho de verme alterado en un lugar tan insano, en cambio su razón, decía, no había sufrido alteración por nada ni nadie más que él mismo, así que, concluía, como no puedo contradecirme, debo estar necesariamente en lo cierto.
El problema no se resolvía si llegábamos a acuerdo sobre si era o no el lugar, el problema era que la llave era utilizable una sola vez fuera o no el lugar; y si no lo era no tendríamos otra oportunidad, pero si lo era…
Así que luego de una acalorada discusión; en que la criatura se sostenía en sus largos estudios en la materia, y yo me dejaba influenciar por mi intuición, fuimos poco a poco dándonos cuenta de que jugaban con nosotros. Nuestras propias ideas y pasiones, nuestro propio yo era quien no nos permitía pensar libremente; y es que claro, el yo le teme a la disolución.
En ése momento, hubo un silencio. Un confortable silencio. Como si la amenaza externa hubiera cedido ante nuestro firme deseo de continuar liberados de razonamiento. Entonces, la criatura extrajo de un pequeño bolso de cuero metálico (es la única forma en que puedo describirlo) que jamás le había visto, y eso que he visto gran parte de sus colecciones; “esto –me dijo-, es el infame objeto del que alguna vez te hablé, el que muchos lo creyeron perdido, la evidencia física de que todo lo que estamos a punto de hacer es real. Esta es la Llave”. Extrajo del envoltorio metálico un esfera perfectamente redonda esculpida con unos relieves visibles pero que escapaban al tacto, brillaba con una verde efervescencia que oscurecía todo a su alrededor. ¡Qué criatura más asombrosa era ésta!, no sólo te permite que le acompañes donde las verdades aguardan, también es capaz de confiarte, sin decirlo, aquellos temores que antes le impidieron llegar por sí mismo a este punto de la historia, pensé.
Ahora el problema era el siguiente. ¡¿Cómo diablos haríamos funcionar la Llave?! ¡¿Cómo demonios se supone que se activa?! La criatura no lo sabía. Dijo que como era un articulo perdido y que supuestamente no existía, seguramente las instrucciones nunca existieron tampoco, y lo más probable era que quién fuera antes el custodio de tan raro artefacto se descuidara de él al no tener la más mínima idea de cómo hacerlo funcionar, lo que pudo provocar la desaparición del artículo. Aún me duelen las costillas de tanto reírme ésa noche de lo cómico que resultaba ese momento. Y ahora que lo pienso, esa total falta de seriedad en un momento tan importante sirvió de algún modo para limar cualquier aspereza que pudiera quedarnos, tras lo cual fuimos capaces de decidir rápidamente cuales serían nuestros próximos movimientos.
Evaluamos el entorno, cotejamos nuevamente nuestros mapas, y revisamos nuestras provisiones. Todo parecía encontrarse en orden, pero no todo se sentía así. El lugar; las piedras, la montaña, la luna, el viento, el bosque, y nosotros; comenzaban a tener consistencia física en nuestros sentidos (o una forma de sentido mejor dicho), era como si nos tocaran el hombro, como si algo estuviera tratando de llamar nuestra atención, pero que desaparecía cada vez que nos volteábamos. ¿Cómo resolver un enigma que su propia respuesta es la pregunta?, es como intentar ver un rosotro por la espalda. Antes de ponernos nuevamente a discutir sobre el asunto, decidimos que lo mejor era meditarlo cada uno en soledad por un rato (unos tres cuartos de rato para ser exactos). La criatura tomó la esfera, la envolvió, y se la llevó consigo a caminar por los alrededores del campamento que habíamos levantando. Yo preferí quedarme ahí mismo donde estaba, ya que tenía la extraña sensación de que si me movía agitaría el flujo de cavilaciones que tenía en la cabeza, como en un vaso lleno de agua, y era menester mantenerlo en perfecta osmosis con el aire que me rodeaba (me pareció tan absurdo, que me pareció lo correcto).
Como dije, (creo haberlo dicho), largo rato transcurrió sin respuesta. Los ruidos y en fin, la naturaleza misma que me rodeaba, no me dejaba pensar con claridad, me desconcentraba, como si trataran que no pensara, de hipnotizarme, de cautivarme con sus colores que empezaban a trasformarse en materia, de confundirme con sombras danzantes… un momento, ¡pero si mi entorno se trasforma! –grité-. Miré hacia el cielo, hacia la Luna, y lo vi. Detrás de Luna llena, jugaban, alegremente, otras lunas iguales que aparecían y desaparecían detrás de la primera, y que cuando notaron que las miraba, se convirtieron en fuegos azules que rodearon a la pálida Luna y se estiraban hacia fuera de ella, como un corazón palpitando hacia el negro espacio, cobrando más fuerza cada vez que le sonreía; le sonreía porque fue una de las cosas más hermosas que jamás había visto.
" Beatiful senses are gone
Canary in a gilged cage
Singing "*
Comprendí inmediatamente el enigma, supe porqué no entendíamos nada, y supe entonces cómo resolverlo. Grité eufórico llamando a la criatura rogando por que él también lo hubiera visto, y rogando también a que en ésa caminata él mismo no se hubiera convertido en una Mantis e intentara comerme, o se pusiera a poner huevecillos... Pero, para mi tranquilidad, la criatura venía corriendo (en su forma humana tal cual lo recordaba), alzando los brazos y con una cara rebosante de alegría. Él también había sido testigo.
La respuesta al enigma era que no había respuesta. El enigma sólo nos alejaba de la real respuesta, el miedo que sentimos antes trató de avisarnos de ello, las formas de la naturaleza también lo decían, pero nuestra comprensión del mundo es el enemigo que no permite verlo, es decir, el hecho de verlo nos hace equivocarnos. El conocimiento no nos viene envuelto en regalo para delicia nuestra. Había que despojarnos de nuestro ser, entrar en comunión con aquello que no somos y que al mismo tiempo no podemos dejar de ser; la existencia, en las cosas y en nosotros mismos, es cuestionable y debemos ponerla en duda.
Para cuando logramos aclarar lo anterior estábamos ya muy cansados para continuar y decidimos dormir; emprenderíamos un nuevo viaje al otro día. Esta vez viajaríamos liviano, nos despojaríamos de nuestros mapas, de nuestra civilización, de nuestra envoltura yoica. Iríamos con lo pequeño que somos, nada menos.
Antes de dormir, recordé a aquel investigador que, buscando la ciudad sin nombre, perdida en el terrible desierto por el que se dice que volvió el loco árabe, durmió en las afueras de la ciudad por miedo a entrar en ella de noche. Y me dormí.
Ésa noche tuve un sueño. Soñé que andaba en una montaña muy alta, cazando criaturas exóticas con mi cámara; una de la criaturas que trataba de capturar era la Luna que se me escondía, que jugaba conmigo, y no me permitía fotografiarla. Luego, atravieso largos kilómetros de tierra como si una voz fuera capaz de trasportar mi cuerpo por largas distancias. Era un grito, un gritó de horror y auxilio, aunque lo que me asustó no fue eso sino ver de quién provenían los gritos; de la criatura llamada Marci. Me gritaba que le ayudara, que un monstruo vendría por él, que él pagaría, que él moriría de forma terrible si no le ayudaba. El espanto se apoderó de mi, al ver que una persona tan elevada y racional, se me presentara reducida de ésa manera; con sus ojos abiertos de ésa forma, con ése sudor frío con el que sus manos tomaban las mías, al ver la súplica… Miré en todas direcciones pero no vi nada, ningún monstruo que viniera tras él. Cuando volví la mirada, la criatura estaba en silencio. Sus ojos volvieron en su órbita, y se le veía algo aturdido; la enajenación se había retirado. Me dijo que un monstruo, no el suyo, se había apoderado de él para horror mio.
* A Song for the Deaf, Queens of the Stone Age.
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